El autor de ‘El regreso del joven príncipe’ añade este galardón al Premio San Francisco de Asís en un año marcado por su defensa de la fraternidad y por su alerta ante los efectos de las pantallas en niños y jóvenes.
La promoción de la cultura y el desarrollo humano ha guiado el recorrido de Alejandro G. Roemmers, y ese compromiso acaba de recibir un nuevo respaldo. Los Jardines de Cecilio Rodríguez acogieron el 15 de octubre, dentro de los actos de la Semana de la Hispanidad, la entrega del galardón “Madrid, Capital de Iberoamérica” en su modalidad de Iniciativa Cultural al escritor, empresario y filántropo argentino, nacido en Buenos Aires en 1958. El reconocimiento pone en valor tanto su trayectoria como su implicación en la difusión cultural, se añade al Premio San Francisco de Asís obtenido este mismo año y llega en un momento en el que su voz se ha hecho presente en el debate sobre el uso de la tecnología entre los más jóvenes.
La fraternidad como eje del trabajo de Alejandro G. Roemmers
Buena parte de su actividad reciente gira en torno a la figura de San Francisco de Asís, cuyo legado celebró con motivo del octavo centenario de su muerte. En la explanada de la Basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís, una orquesta interpretó Cántico de las Criaturas y Todos Hermanos, dos composiciones que firma junto a Nazareno Andorno. Durante el concierto, los asistentes fueron invitados a fundirse en un abrazo sin importar su procedencia, su fe o su cultura, un momento que dio origen al proyecto Un abrazo por la humanidad.
Alejandro Roemmers no atribuye a ese gesto la capacidad de detener guerras ni de acabar con la polarización. Lo concibe como un punto de partida que invita a escuchar más, a juzgar menos y a reconocer a quien piensa de forma distinta. Una idea coherente con la forma en que entiende su propia trayectoria: aunque se le presenta como poeta, empresario y filántropo, él no separa esas facetas y las vincula a un mismo origen, el amor, presente ya en un poema que escribió con 14 años, Eternamente enamorado.
Pantallas, atención y menores
El otro gran eje del discurso de Roemmers es la relación con la tecnología. A su juicio, la sociedad ha ganado canales para comunicarse, pero no necesariamente capacidad para encontrarse, y el riesgo aparece cuando las herramientas digitales dejan de acompañar a las relaciones personales y pasan a ocupar su lugar. “Creo que estamos confundiendo conexión con comunicación”, señala.
Esa inquietud dio forma al documental Adictos a la pantalla, en el que Alejandro G. Roemmers pone el foco en la infancia y la adolescencia, etapas en las que se forjan la personalidad y la autoestima. Más que el número de horas frente al móvil, le preocupa lo que se deja de hacer en ese tiempo: conversar, jugar, leer o incluso aburrirse. En cuanto a las restricciones de edad para redes sociales o teléfonos, admite que ciertos límites pueden tener sentido, aunque insiste en que la verdadera respuesta pasa por la educación digital y por un esfuerzo compartido entre familias, centros educativos, instituciones y compañías tecnológicas.
Libros y coherencia adulta frente a la hiperestimulación
La lectura ocupa un lugar central en la propuesta de Roemmers. Con títulos como El regreso del joven príncipe y El joven príncipe señala el camino, ha buscado acercar a los jóvenes valores como la amistad, la generosidad o los sueños mediante relatos sencillos. Su convicción es que leer no debe presentarse como una obligación, sino como un descubrimiento que ofrece algo que las redes sociales no dan: pausa, concentración e imaginación.
Para Alejandro G. Roemmers, sin embargo, ningún cambio será posible sin el ejemplo de los mayores, ya que niños y adolescentes reproducen lo que observan en los adultos. Por eso aboga por recuperar comidas sin móviles y conversaciones sin interrupciones. Pese a todo, mira con optimismo a una generación que considera especialmente sensible ante los problemas sociales y medioambientales, y a la que, según resume, hay que enseñar que “la tecnología debe ser una herramienta en sus manos, no convertirlos a ellos en una herramienta de la tecnología”.

