Mariaca Semprún vuelve a Madrid para ofrecernos el renacer de Rocío Dúrcal el 21 y 28 de mayo en el Teatro Capitol
Es fácil comprender por qué Madrid se ha convertido en el refugio de la nostalgia. Aquí, entre el bullicio de los transeúntes y el sonido de los cláxones, el arte siempre tiene un sitio. Y es precisamente en esta ciudad donde una de las voces más prodigiosas de la diáspora venezolana, Mariaca Semprún vuelve para hacer vibrar las tablas, como un puente de voz entre dos orillas con su homenaje a Rocío Dúrcal
El delirio de Piaf, de París al corazón de Madrid
Mariaca Semprún creció rodeada de música, educando su voz desde niña. Estudió solfeo, flauta dulce, cuatro y violín. Fue en el colegio Emil Friedman en la presentación del musical La Novicia Rebelde cuando comprendió que su vida transcurriría sobre los escenarios
Su trilogía de divas comenzó con La Lupe: Reina del desamor, un proyecto que gestó su aclamado álbum Soy Puro Teatro, con el cual ganó un Premio Latin Grammy en 2020.

Luego llegó el turno de Europa, donde el público madrileño disfrutó durante dos años ininterrumpidos de Piaf, voz y delirio. El montaje se convirtió en un éxito rotundo que sumó 40 presentaciones en el Teatro Fígaro, y otras 40 en el Teatro Alcázar; una obra escrita por su esposo, el poeta y cronista Leonardo Padrón.
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Aquella puesta en escena fue un prodigio de mimetismo vocal y corporal. Verla arquearse bajo el peso de la tragedia de Piaf, escuchando cómo oscurecía su voz para lograr el áspero y desgarrador acento francés, resultó conmovedor. Mariaca demostró una vez más que es una cantante rigurosa, una feroz actriz que se deja poseer por el personaje.
La voz de Mariaca Semprún es un instrumento de afinación impecable. Su timbre posee la profunda calidez de un violonchelo en sus notas más graves, capaz de sostener el peso de la melancolía, pero cuando asciende, se despliega con la ligereza de un violín solista. Su manejo del vibrato es un latido que acelera o pausa a voluntad para cautivar al espectador.
Cantar a la española más mexicana, Rocío Dúrcal
Otra vez la ciudad que mezcla el acento castizo con la dulzura del caribe se prepara para escucharla. Mariaca Semprún regresa a Madrid para rendir homenaje a una de las figuras más queridas a ambos lados del Atlántico, Rocío Dúrcal.
Para los amantes de la música, de las rancheras y de las baladas, esta gira que ha recorrido Miami, México, Houston y Orlando es una cita obligatoria. Mariaca toma el repertorio de la cantante y lo eleva con su particular fraseo, dotándolo de elegancia teatral y una versátil técnica vocal.

«Rocío Dúrcal era una artista impresionante, una voz irrepetible. Mi reto en este show es que eso se sienta y que quede muy claro que lo que quiero es que ella siga viva» afirma la actriz.
Ir a ver a Mariaca Semprún es asistir a un acto de magia escénica. Es presenciar cómo una artista que domina el escenario con la precisión de un director de orquesta toma canciones inmortales de Rocío Dúrcal, y ofrece un espectáculo que exige además de su propio carisma, un control absoluto de la media voz y de la potencia que caracterizaban a la diva española.
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En la voz de Mariaca, Madrid y Caracas, España y México, vuelven a ser un solo latido. Su belleza natural conspira junto a su imponente voz que atrapa el alma de los que han tenido el placer de escucharla cantar en vivo, bien podría llamarle Aquiles Nazoa, el Ruiseñor de Venezuela.

