Nos adelantamos al 21 de marzo Día Mundial de la Poesía, haciendo un breve recorrido por la trayectoria de poetas que enamoran.
El amor ya no ocupa un lugar central dentro de la poesía. Nuevas búsquedas como la reflexión sobre el lenguaje, sobre la propia construcción del poema, o acerca de la soledad y el hastío de nuestras sociedades hiperconectadas, parecen ocupar ese lugar que antes tuvo la pasión amorosa.
Ya no vivimos en esos momentos cuando lo amoroso era un género de gran prestigio que podíamos vislumbrar en Garcilaso, Quevedo, Bécquer, Neruda o Vallejo. Son otras las inquietudes de la poesía contemporánea como puede apreciarse en creadores tan disímiles como Octavio Paz, Juan Eduardo Cirlot, Wislawa Szymborska o Louise Glück, por solo mencionar algunos nombres.
Pero todavía persisten poetas recientes en quienes lo amoroso es visitado desde una perspectiva original. Voces que a contracorriente siguen rondando este tema universal con una alta exigencia de lenguaje, y con el desarrollo de una mirada novedosa y entrañable.
Idea Vilariño

La poeta uruguaya Idea Vilariño (1920-2009), perteneció a la Generación del 45. Su escritura tuvo siempre una mirada sensorial y sentimental de gran peso. Asimismo, su obra estuvo marcada siempre por la fragilidad de su salud, y por la sensibilidad extrema ante los rigores del mundo.
Amor con Juan Carlos Onetti
Su relación amorosa y clandestina con el escritor Juan Carlos Onetti fue una de las pasiones literarias más poderosas del siglo pasado. Relación llena de equívocos, de encuentros y desencuentros, que tuvieron como punto culminante el momento en que el narrador uruguayo se casó con otra mujer.
Dicha circunstancia no interrumpió del todo la conexión entre ambos, al punto de que Idea Vilariño visitó a Onetti en su lecho de muerte para despedirse, con la aceptación de su esposa.
A Vilariño se le deben innumerables poemas donde los quiebres del amor son protagonistas, pero sin duda, su poema más famoso es el que presentamos a continuación, y que para muchos lectores es una de las más bellas despedidas entre dos personas atenazadas por la pasión y la complicidad.
Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
Jaime Sabines

El reconocido poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), lograba tal complicidad con sus seguidores, que durante la lectura de sus poemas hacía silencio, mientras el público recitaba de memoria sus versos con precisión y emocionalidad intensa.
Autor de libros como Toral, Tarumba, Para amarte a ti o Con la Flor del domingo, este creador que obtuvo premios fundamentales en México, inició su vida como un humilde vendedor de telas, aunque gracias a su persistencia logró el favor de miles de lectores que reconocieron en su poesía amorosa una parte de sus propias vidas.
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
(…)
Leonardo Padrón

Imagen cortesía del autor
Leonardo Padrón (1959), autor venezolano en plena actividad creadora. Perteneció en sus orígenes al grupo Guaire que en esencia intentó conectar la poesía contemporánea al espacio sentimental de los lectores. Reconocidísimo guionista de televisión, con series en Netflix que figuran entre las más vistas en español en los últimos años.
Puede apreciarse en títulos como Balada, El amor tóxico o La difícil belleza de las esquinas, las variadas líneas expresivas que Padrón ha cultivado, entre las que destaca su mirada sobre el amor, sus desencuentros y sus grandes fiestas.
Es muy común entre venezolanos apasionados por la poesía, utilizar poemas de este autor en tiempos de pasiones amatorias.
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Padrón suele concluir sus recitales leyendo el texto: «Yo tengo una novia», dedicado a su pareja la actriz y cantante Mariaca Semprún:
Yo tengo una novia que llueve en el desierto
que dice búscame en la prosa que ensaya ángeles en la voz
y duerme meses en la noche.
Yo tengo una novia sin gatos ni maquillaje,
una mujer en pleno pecho,
una dama de última hora,
un acontecimiento universal en la sonrisa,
una prisa que rompe las despedidas.
Yo tengo una novia una manera un olor
un viernes un hoyuelo
una risa que es mi novia.
Yo tengo una novia con estambre en los ojos,
una novia teléfono, una novia twitter, una novia blackberry,
una novia con peperoni, una novia en las cotufas,
una novia que toca el cielo sin hablar,
que baila sobre las vocales que canta cuando se moja.
Yo tengo una novia que no llora en el amor
ni grita entusiasmos y bienvenidas
(…)
Ernesto Pérez Zuñiga

Imagen Carlos Alberto Casanova
Considerado uno de los mejores novelistas de la actualidad en España, Ernesto Pérez Zúñiga (1972) ha dedicado una parte fundamental de su trabajo al cultivo de la poesía. En este género publicó sus primeros trabajos, y cada tanto regresa con el convencimiento de que el verbo poético es una forma de la perfección humana.
Entre sus poemarios encontramos: Cuadernos del hábito oscuro, Calles para un pez luna, Escala y Siete Caminos para Beatriz. Este último volumen, una hermosa reflexión sobre los abismos del enamoramiento, en diálogo con la tradición clásica en la que cielo e infierno pueden juntarse.
Versos conmovedores que citamos para cerrar este breve paseo por poetas que pensaron, y aún piensan lo amoroso como un centro de la vida.
Yo te escribo, Beatriz, cartas oscuras
silencios electrónicos
disparos de la noche que iluminan el bosque
perros de cacería
y tú entre géiseres
arbolados
cierva blanca
venteando el peligro que viejos condenados
avisan en sus potros de tortura
cierva blanca
que salta por el fuego
cuando un demonio quiere acariciarte
otro inmovilizarte con su garra lunar
o guardarte en su anillo.
Yo te escribo, Beatriz, cartas oscuras
en el visor de mis prismáticos
mientras desciendo círculos del valle
en el cráter de la isla de los muertos
allá arriba radiantes cordilleras que llaman Purgatorio
donde dicen que aludes de nieve te sepultan
y hacen pensar
la cierva blanca
tus pasos en las rocas rojas
me hacen pensar
mi cierva blanca
si un géiser del infierno te detiene
compruebas que te sigo como puedo
y sigues avanzando.
(…)

