Historia

La Escuela de Salamanca (I): una nueva visión de la economía desde la ética

La Escuela de Salamanca es un término que hace referencia a un grupo de juristas, economistas y teólogos españoles y portugueses que en el siglo XVI crearon toda una doctrina y una corriente de pensamiento que trabajó sobre disciplinas diversas. Entre ellas, la economía, aunque sus aportaciones siempre se realizaron desde una perspectiva ligada a la ética.

El contexto: un siglo de crisis

El siglo XVI fue una época de cambios que influyeron en el nacimiento de la Escuela de Salamanca. Por una lado, estuvo marcado por el inicio de la decadencia de la Corona de Castilla y los procesos de construcción de los estados modernos. Por otro, por la consolidación de las ideas del Renacimiento y el humanismo, que dejaban atrás las concepciones filosóficas medievales.

Las innovaciones y los estudios de nuevas formas de entender el mundo, con una arduo debate entre la corrientes realistas y el nuevo nominalismo, dio lugar a una auténtica pugna entre universidades europeas (Salamanca, París y Glasgow) en defensa de las ideas que defendían cada una de ellas.

Las fuentes de las que bebían los escolásticos españoles del XVI eran diversas. Santo Tomás de Aquino era una referencia obligada. También la figura del Cardenal Tomás Cayetano o, incluso, grandes autores clásicos como Aristóteles. El Derecho romano también tuvo una importante influencia, así como las Decretales que fueron recogidas por el Papa Gregorio en el siglo XIII.

La conjunción de todas estas influencias generó el punto de referencia de la doctrina jurídico-teológico que tomó forma en Salamanca, especialmente interesante en lo relacionado con la voluntariedad del consentimiento que aparecía reflejados en los contratos romanos. Además, también fue importante la influencia ejercida por la doctrina papal que quedó patente en la visión antropológica de la conducta económica que sirvió a los escolásticos de base para la construcción de su doctrina sobre la ley natural y la función que atribuyeron a la racionalidad en la toma de decisiones (Font, 2006).

Francisco de Vitoria: el máximo representante de la Escuela de Salamanca

No existe una opinión unánime para establecer las bases, características y los autores que deben ser incluidos en ella. Tomando la postura restrictiva de José Barrientos (1995), la Escuela de Salamanca estaría formada únicamente por los doctores dominicos que estaban relacionados directamente con el convento de San Esteban y que ejercían sus actividades docentes e investigadores en la Universidad de Salamanca, dejando fuera de este movimiento a todos aquellos que no fuesen teólogos.

Algunos profesores de la Universidad de Coimbra también formaron parte de la Escuela de Salamanca. Fuente: Pixabay.
Algunos profesores de la Universidad de Coimbra también formaron parte de la Escuela de Salamanca. Imagen: Pixabay.

Otros autores optan por un criterio más flexible. Según estos, los rasgos comunes entre los miembros de la Escuela de Salamanca se encuentran, en primer lugar, en el método; y, en segundo lugar, en que pretenden combatir una problemática común. Bajo este criterio, también se incluyen autores y pensadores portugueses, en concreto de la Universidad de Coimbra, vinculados con los jesuitas.

Sobre lo que sí existe unanimidad es que la máxima representatividad de este movimiento recae en Francisco de Vitoria.

Estatua de Francisco de Vitoria ante la fachada de la iglesia del convento de San Esteban. Autor: Raúl Hernández González

Economía y ética: elementos indisociables

En ese contexto, la principal característica de la Escuela de Salamanca fue la preocupación por la ciencia económica y los problemas sociales y económicos de su época. Sus miembros no eran economistas puros, sino moralistas, por lo que la problemática social y económica se trataba siempre desde una perspectiva ética, a la luz de la Teología moral. Sus obras y escritos trascendían lo meramente económico y mostraban una clara voluntad pastoral. Por ello, “las ideas económicas de los doctores salmantinos pueden considerarse, sin ninguna duda, como un programa de investigación ético” (García, 2006).

La propiedad privada

La propiedad privada era considerada un elemento positivo para el desarrollo social y económico. En esto coincidían con los dominicos, en contraposición a otras órdenes religiosas como que predicaban la pobreza y la desposesión. Diego Covarrubias señaló que los propietarios, además de la propiedad sobre el bien, también disfrutaban de derechos exclusivos sobre los beneficios que pudieran derivarse del bien, independientemente de que ello beneficiase, además, a la comunidad.

Luis de Molina, por su parte, consideró que la propiedad privada tenía como consecuencia un mayor cuidados de las posesiones, frente a la falta de cuidado y atención que recibían las propiedades comunales. También vinculó la libertad económica y la libertad de comercio con el concepto de libertad humana y libre albedrío, concedido al ser humano por la gracia de Dios. Su visión le llevó a defender que estas libertades eran imprescindibles para la existencia de la noción de sociedad civil, ya que sin libertad de pensamiento y de acción, su existencia no tiene sentido. Esta libertad,obtenida por la gracias de Dios, debía, por tanto, extenderse a las decisiones sobre cuestiones que afectan al bienestar material.

Dinero, valor y precio: precursores de la teoría cuantitativa del dinero

En relación con las cuestiones relacionadas con el dinero, el valor y el precio, destacaron  Martín de Azpilicueta, Luis de Alcalá y Luis de Molina. Martín de Azpilicueta se interesó especialmente por los efectos que produjo en la economía española la llegada de metales preciosos, constatando que en aquellos lugares donde no llegaban los mismos, o al menos lo hacían en cantidades más pequeñas, los precios de los productos se mantenían bajos. Desarrolló, por tanto, una teoría del valor escasez que sería precursora de la teoría cuantitativa del dinero, señalando que, los metales preciosos, al igual que cualquier otra mercancía, cuanto más abundantes eran, menos valor tenían.

Algunos de ellos, como Luis de Alcalá y Luis de Molina, junto con Diego de Covarrubias, establecieron una teoría del valor basada en la perspectiva subjetiva de que el valor que se le otorga a un bien varía entre las personas por lo que el precio justo sería aquel que se alcanzara de mutuo acuerdo en un contexto de libre comercio. Es decir, dejando que los precios se establecieran de forma natural en función de la relación entre la oferta y la demanda.

La legitimidad del cobro de intereses

El interés fue otro tema que trató la Escuela de Salamanca. El cobro de intereses se denominaba usura, y era una práctica considerada inmoral. De hecho, el Segundo Concilio de Letrán condenó los intereses en el pago de las deudas y en el Concilio de Viena su práctica se calificó como herejía. Aunque los primeros escolásticos mantuvieron esta actitud crítica hacia la posibilidad de cobrar intereses por las deudas producidas, la Escuela de Salamanca defendió su legitimidad bajo tres argumentos:

  • Que ese pago podía ser considerado una especie de prima de riesgo ante la posibilidad de perder el dinero prestado.
  • Que era una forma justa de de compensar el coste de oportunidad que significaba prestar el dinero.
  • Que el dinero no era más que una mercancía como otra cualquiera y que, en consecuencia, se podía establecer un precio por él.

Referencias

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