Historia

La publicidad del automóvil en sus inicios (1ª parte)

Cuando nos subimos a nuestros queridos turismos y disfrutamos de toda su seguridad, su potencia, su confort, de su aire acondicionado, de su diseño, su aerodinámica, ya se nos han hecho tan asiduas por el empleo diario, que hemos olvidado las razones de porqué los elegimos como “Nuestro coche”; el por qué los compramos.

Dedicado a Eric Sole

Todo producto de consumo, tiene una clientela objetivo, un target, y en el automóvil sucede lo mismo. Todos conocemos coches anunciados en publicidad, “para jóvenes”, deportivos, los coches “de padre”, los “familiares”, de “solteros”, los todoterreno, etc. Es decir, que cada modelo está enfocado a un tipo de usuario. Todos hemos visto esos anuncios. Los que lo usan a diario en ciudad, los que lo quieren para la familia, los de las aventuras del fin de semana en la playa o el campo, para viajar por estupendas y bien asfaltadas carreteras, etc.

Hoy en día, en la práctica totalidad de las casas, hay un coche (si no más) y la publicidad nos hace conocer el mercado y elegir en los catálogos de las marcas, entre un coche u otro, nos llega por múltiples canales: televisión, radio, revistas especializadas, Facebook, Instagram, prensa generalista, etc. y ya no se nos vende un coche, si no lo feliz que nos va a hacer, la libertad que ofrece, las experiencias que se pueden vivir en él… Recordemos la campaña, “¿Te gusta conducir?”.

Publicidad para un público selecto y para mujeres

Pero en los inicios de la automoción, allá por los últimos años del siglo XIX y primeros del XX eran muy pocos los que podían permitirse adquirir un vehículo “de motor”, “de vapor” o “eléctricos”, que sustituyese al caballo y la calesa, y había solo un medio de comunicación publicitaria: el anuncio en los periódicos, así que echaremos un vistazo al pasado y cómo se anunciaban los primeros fabricantes.

Aquellos coches primigenios, con chauffeurs noveles (eso sí, muy bien uniformados) y aquellos caminos ásperos, llenos de baches, de barro, fango y polvorientos, hacían al viajero un verdadero aventurero. Vehículos en los que, si pinchaban, tenían que “simplemente” bajarse del automóvil, retirar la llanta, parchear, inflar, volver a colocarla y continuar su camino. Vehículos en los que el primer inconveniente sería encontrar el volante ya que muchos utilizaban un timón que hacia girar el automóvil girando todo el eje delantero.

Juzgando los cientos de marcas que aparecieron en los primeros años de la automoción, entre 1895 y 1920, cabe pensar que cualquier hombre con habilidad mecánica, algo de dinero e iniciativa, convertía su carro tirado por caballos en un vehículo automóvil y la publicidad en prensa era una forma de captar la atención del potencial mercado para generar un negocio y crear una marca comercial.

Muchos de aquellos anuncios, de los nuevos y costosos artículos, estaban dirigidos a mujeres de todas las edades, mostrando a chicas jóvenes gozando de un paseo, madres con sus hijos, o simplemente señoras que salían con amigas a tomar el té o al teatro, conduciendo sus coches, normalmente modelos eléctricos, menos costosos de arrancar. Este hecho de enfocarse en las mujeres, parece extraño cuando se supone que las mujeres de esa época debían ser domésticas y serviles, pero los anunciantes obviamente sabían quién tenía el control de las finanzas en muchos hogares.

Aunque marcas como Stanley, Pope, Winton y Duryea producían automóviles a finales de la década de 1890, no fue hasta el cambio de siglo que los anuncios de automóviles comenzaron a aparecer en revistas con cierta regularidad y los anuncios comenzaron a mostrar automóviles con su pintura y adornos de latón brillante a todo color. Ahora muchas de estas imágenes se ven tan encantadoras y pintorescas que son dignas de ser enmarcadas.

Winton o el nacimiento de la publicidad del automóvil

El 14 de mayo de 1898, un artículo a columna completa aparecía en el Scientific American, describiendo el “Carro de motor Winton” acompañado de una imagen del mismo. Tuvo mucho éxito y once semanas después, repitió el anuncio. En ese 14 de mayo, de la mano de Winton, nació la publicidad del automóvil, bajo el título “Prescindir de un caballo” (“Dispense With a Horse”).

Tiempo después, esa misma publicación señaló una de las rarezas de la producción de automóviles estadounidense: aunque los vehículos sin caballos habían sido de uso común en Europa durante varios años, los americanos, por alguna razón, no construían copias de los europeos, sino que preferían crear sus propios modelos; prácticamente reinventaban el automóvil.

Winton utilizó esos anuncios para presumir de su gran progreso de la producción. De agosto a noviembre de aquel año tuvieron de catorce a diecinueve coches “en uso real”. La presentación de modelos para el público no fue un problema en absoluto. En noviembre, y nuevamente en diciembre, sus anuncios extendieron la invitación: “Estás invitado a venir a Cleveland y dar un paseo en un Winton Motor Carriage”.

Cualquiera que fuese suficientemente rico para gastar 1,000.00$ en uno de esos nuevos artilugios sin caballos debía haber pensado que era una oferta perfectamente razonable. También era bastante obvio que, desde muy temprano, los automóviles se consideraban un juguete para las personas de posibles.

Un público snob para el automóvil

El atractivo snob de estos anuncios es bastante descarado: el de Matheson fue “Construido para aquellos que usan lo mejor”. Lozier era “La elección de los hombres que saben”. “Gente de buen gusto” eligió Chalmers, y al comprador de un Baker Electric de 1910 se le aseguró “Prestigio social”. Packard simplemente recomendó al posible comprador, “Pregúntele al hombre que posee uno” y presentaba el coche con ubicaciones muy exóticas.

La casa Pierce Arrow también exudaba tanta confianza en su producto, que en 1910 no decían prácticamente nada sobre el coche y simplemente los mostraban en varios lugares, llegando al teatro, o al club de Tenis o recorriendo el Gran Oeste. El potencial comprador estaba tan bien informado que, en algún anuncio, no necesitaba leer texto ni ver imagen alguna del coche. Los Peerless también se publicitaron de esta manera. Chóferes, mansiones y gente elegantemente vestida fueron tan importantes para transmitir el mensaje como los propios automóviles.

En los primeros días de la producción de automóviles, no era infrecuente comprar el chasis y la carrocería por separado. DeLage, con seis palabras y una ilustración llamativa, apeló a aquellos que estaban interesados con: “DeLage. La Voiture Chic. Le Chassis 12,000.00$”.

Cabe preguntarse cuánto costaría el resto del coche…

...Continuará

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