Ciencias sociales

Seis falacias argumentativas que quizá cometes sin saberlo

En la era digital, las falacias campan a sus anchas por la Red. Conocerlas no solo ayuda a aguzar el espíritu crítico, sino que también permite ganar casi cualquier debate, o al menos no perderlo por mala praxis en la argumentación.
Foto: Andrea Piacquadio, en Pexels.

Las falacias comienzan a identificarse ya en el siglo V a. C. Fue Platón el primero en indicar argumentaciones erróneas en sus enemigos intelectuales, los sofistas, maestros itinerantes del arte de retórica, mas preocupados por la persuasión que por la búsqueda de la verdad. Será su discípulo, Aristóteles, el responsable de elaborar el primer catálogo de falacias de la historia en su tratado Refutaciones sofísticas. Y sin embargo, pese al origen remoto de la cuestión, con internet y las redes sociales las falacias son un tema absolutamente en boga.

Pero ¿qué es una falacia? Su raíz viene del latín fallax (engaño). Antes de adquirir su denominación latina, Aristóteles llamaba a las falacias paralogismos (al margen de la razón), aunque también se utiliza el término sofisma. La definición clásica de falacia nos dice que se trata de un argumento que parece válido, pero no lo es. Así, la falacia incluiría tanto argumentos tramposos como errores involuntarios en la argumentación. La tipología de las falacias es de lo más variada, e incluye, desde defectos en el procedimiento lógico de argumentación (falacias lógicas o formales), hasta argumentos que juegan con la ambigüedad de los términos, apelan directamente a las emociones del público, etc. (falacias informales).

¿Por qué las falacias son tan relevantes en la era digital?

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Aunque sean erróneas o falsas, las falacias pueden resultar psicológicamente persuasivas, convincentes, y eso las convierte en una poderosa arma para la publicidad y el proselitismo ideológico y religioso. Por eso no es extraño encontrar falacias en fenómenos tan característicos de nuestro tiempo como los memes o las fake news. De hecho, la posverdad, entendida como la difusión de mentiras emotivas o creencias infundadas comparte con algunas falacias el hecho de apelar a las emociones, en lugar de a la razón.

Por otro lado, nadie está a salvo de incurrir en falacias, ni siquiera los más reputados especialistas en cualquier campo del saber. Algunos argumentos falaces son tan comunes que es prácticamente imposible no haberlos empleado alguna vez.

Algunas de las falacias argumentativas más comunes

Veamos a continuación una pequeña selección de paralogismos con los que podemos toparnos con mucha frecuencia en nuestra vida cotidiana.

1. Generalización apresurada

La inducción es un razonamiento que parte de casos particulares para extraer una ley general. Según este tipo de inferencia, si los naturalistas y biólogos han observado en innumerables ocasiones que los cuervos son negros, podemos generalizar y decir que “todos los cuervos son negros”. Pero ¿a partir de cuántos casos observados es legítima la inducción de leyes generales?

Lo que está claro es que uno, dos o un puñado de casos no suelen ser suficientes para realizar una inducción fiable. Y sin embargo, es frecuente, tras unas cuantas experiencias amorosas frustradas, propias o ajenas, escuchar aquello de “Todas las mujeres son iguales”, o la misma máxima con respecto a los hombres.

Por muy agitada que sea la vida amorosa de una persona, los individuos utilizados para realizar la generalización serán, siempre, una muestra estadísticamente insignificante frente a todos los hombres y mujeres del planeta.

2. Falacia de la falsa causa

Ejemplo de falacia de la falsa causa.

Se infiere que un hecho A es la causa de otro hecho B sin base suficiente, ya sea porque A antecede a B en el tiempo (falacia post hoc, ergo propter hoc), o porque A y B simplemente pueden relacionarse de algún modo.

Estamos ante la falacia por excelencia de los remedios caseros, los hechizos de amor y las visitas al curandero, aunque puede encontrarse en cualquier ámbito. Una persona aquejada de una enfermedad crónica acude a un sanador que aplica remedios pseudocientíficos o incluso taumatúrgicos, basados en sortilegios o milagros, para “curar” problemas de salud. Al cabo de unos días, la persona experimenta una mejoría. Es fácil de imaginar que atribuirá la causa de su recuperación a los remedios o milagros de su guía espiritual. Pero ¿cuál es la base de esta inferencia? La única razón para establecer una relación causal entre A (el remedio) y B (la mejoría experimentada), es la correlación temporal: A sucede antes que B.

Sin embargo, el hecho de que A anteceda en el tiempo a B es una condición necesaria, no suficiente. La causa podría haber sido cualquier otra, incluso probablemente algún mecanismo como el efecto placebo.

3. Falacia del falso dilema

Esta es una de las más habituales en ciertos argumentarios políticos. Un dilema es una situación en la que el sujeto debe elegir entre una opción A y otra opción B mutuamente excluyentes, sin que existan soluciones intermedias. La falacia del falso dilema consiste en dar por sentado que se está frente a un dilema cuando en realidad no es así.

En la mayor parte de los casos, existen opciones intermedias entre una alternativa y su opuesta. Sin embargo, es frecuente escuchar a los políticos entonar aquello de “O con nosotros, o con ellos” o plantear falsos dilemas para polarizar a la opinión pública en torno a un tema.

Portada de la revista Hermano Lobo, núm. 169, 2 de agosto de 1975, en Magnet.

4. Argumento ad hominem

Se trata de una de las falacias de la pertinencia, en las cuales se apela a información que no es relevante o adecuada para alcanzar la conclusión a la que se llega. En el caso del argumento ad hominem, se recurre al ataque personal.

Cometeríamos falacia ad hominem si dijéramos, por ejemplo, que la teoría del contrato social de Rousseau, y toda la argumentación sobre la que se apoya, es falsa porque el filósofo francés era un irresponsable que abandonó a sus propios hijos en el hospicio. Los defectos o errores personales de Rousseau no forman parte de las premisas que habría que considerar para determinar si sus conclusiones son correctas.

Los argumentos ad hominem son frecuentes en los debates parlamentarios o en las campañas políticas, pero también abundan en discusiones entre usuarios de las redes sociales.

5. Argumento ad verecundiam

Otra célebre falacia de la pertinencia es el argumento de autoridad o ad verecumdiam. En los debates, los filósofos escolásticos medievales zanjaban una discusión con solo apelar a la autoridad de Aristóteles o de las sagradas escrituras.

Pero el argumento ad verecumdiam no es algo exclusivo del medievo; en la actualidad es fácil encontrar argumentos de autoridad en cualquier debate, y además es un recurso muy usado en publicidad: celebrities e influencers imprimen confianza en los productos que promocionan por el mero hecho de que gozan de prestigio y admiración.

Obviamente, la autoridad de alguien no es motivo suficiente para determinar si la conclusión de un argumento es verdadera o no. Grandes pensadores de todos los tiempos son apenas más conocidos que sus célebres errores.

6. Reductio ad hitlerum

Forges, El País, 15 de abril de 2013.

Uno de los sofismas de más reciente cuño es una variante del argumento ad hominem, y consiste en vincular al contrincante con Adolf Hitler de alguna manera. El primero en catalogar esta falacia fue Leo Strauss. La reductio ad hitlerum funciona como en el siguiente ejemplo: si a Hitler le gustaban los animales, la causa de los animalistas es tan aberrante como el propio Führer.

Mike Godwin, un abogado estadounidense, observó que, si un debate en internet se alargaba lo suficiente, tarde o temprano aparecía alguna comparación con Hitler. Desde entonces, la conocida como Ley de Godwin se utiliza para impedir el recurso a la reductio ad Hitlerum, e incluso en algunos foros, incurrir en esta falacia supone la expulsión, el cierre del hilo u otro tipo de medidas similares.

La revolución digital que vivimos en las últimas décadas ha supuesto un proceso de descentralización de la información sin precedentes desde la aparición de la imprenta de Gutenberg. Los medios digitales y las redes sociales son un micrófono abierto para todo el mundo. Es responsabilidad de todos preservar las normas de la correcta argumentación. Conocer las falacias es fundamental para detectarlas y también para evitar incurrir en ellas.

5 comentarios

  1. Gracias. Esta explicación sobre las falacias es muy útil, cuando nos dedicamos a la docencia, más aún con el crecimiento de las redrs

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