El 6 de agosto de 1975 sucedió un hecho inédito en el mundo. Ese día apareció en el The New York Times el obituario del detective belga Hércules Poirot. El hecho en sí mismo no parece especial, nada que no sea propio de la vida y las despedidas inevitables. Pero sí adquiere un matiz sorprendente cuando recordamos que Poirot es un personaje de ficción nacido de la imaginación febril de Agatha Christie.
Treinta y tres novelas y cincuenta relatos cortos dedicó la mítica autora de literatura popular, a este atildado, elegante y presumido personaje que llegó a adquirir tal notoriedad que su presencia ficcional logró traspasar al mundo real, al punto de que un medio de comunicación consideró oportuno reseñar su fallecimiento.
Poirot: mucho más que un detective
Dotado de una inteligencia sagaz, deductiva, que él definía como sus «células grises», Poirot era el típico investigador nacido de la escuela de Sherlock Holmes, en la que más que aventuras arriesgadas, actos de fuerza y audacia, lo que funcionaba dentro de sus investigaciones era la capacidad de análisis y observación de los detalles de la realidad, y de los componentes oscuros de la condición humana.
Elementos todos que, en su conjunto, lo convirtieron en una de las figuras literarias más reconocibles y entrañables del tiempo contemporáneo, porque Poirot era la elegancia personificada, en cuya mirada lo real adquiría una organización minuciosa que le permitía armar el puzle que le presentaba cada misterioso asesinato que se atravesaba en su existencia.
Esta fuerza inabarcable de su personalidad, fue la que permitió que Christie prolongara su existencia más allá de lo que sus deseos hubiesen deseado, pues llegó un momento en que la escritora se encontraba harta de su carácter presumido, pero no fue sino hasta 1975 cuando los lectores recibieron la noticia de su muerte.
Amante de la buena vida, de la belleza, del orden, el inolvidable detective Poirot refulgía de satisfacción cuando lo reconocían en la calle y alababan sus destrezas como investigador. Del mismo modo, detestaba la modestia del carácter de los ingleses y su comida ramplona; y tampoco era amigo de las grandes aventuras que lo pusieran en riesgo.
Le puede interesar: Venezuela: un país que también es literatura
Lo más osado de su existencia cotidiana era conservar un caimán, que su amigo Hastings había cazado en el Orinoco, y el recuerdo ingrato de un viaje a Buenos Aires de donde lo expulsaron, después de un dramático golpe de estado.
De los libros a la pantalla
Bajo de estatura, con cabeza en forma de huevo y un bigote tieso y militar que cuidaba con esmero, Poirot sigue siendo uno de los personajes de ficción más queridos por la cultura popular en el mundo entero. De allí las múltiples adaptaciones de sus historias al cine y la televisión, dentro de las que destaca la protagonizada por el actor británico David Suchet que se desarrolló durante trece temporadas y películas recientes como: Muerte en el Nilo y Misterio de Venecia, estrenadas en 2021 y 2023.
Pero lo más llamativo del inolvidable detective de ficción, sigue siendo que desde 1920, cuando apareció por primera vez como protagonista de una de sus historias, hasta el momento actual, su figura ha saltado de las páginas y parece habitar la vida de sus millones de lectores, como si fuese un antiguo amigo, un familiar próximo y a la vez lejano, que continúa empleando sus células grises para descubrir los
misterios que rodean la muerte y la vida de las personas de este mundo.

